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Piedra de Rosetta: por qué repetir un texto ayudó a descifrar una escritura

Tres escrituras en una misma piedra ofrecieron una pista decisiva para recuperar la lectura de los jeroglíficos.

Responsable del medio: José Luis Silla Muñoz. Contenido elaborado con asistencia de IA; fuentes al final del artículo.

Una inscripción puede ser valiosa por lo que cuenta y también por cómo está escrita. La piedra de Rosetta reúne ambas cosas: conserva un decreto y lo presenta en tres escrituras. Esa repetición permitió comparar lo que ya se entendía con lo que todavía era un enigma.

Las tres pistas

  1. Jeroglíficos: una de las formas de escribir el egipcio antiguo.
  2. Demótico: otra escritura utilizada para la lengua egipcia.
  3. Griego antiguo: el texto que los investigadores podían leer y usar como punto de comparación.

No eran tres idiomas distintos

Esta es la confusión más habitual. La piedra contiene tres escrituras, pero dos lenguas: egipcio y griego. Tampoco era un diccionario organizado palabra por palabra. Había que reconocer correspondencias, nombres y sonidos dentro de un texto completo.

Dos fechas para situarla

La piedra fue encontrada en 1799. El avance asociado a Jean-François Champollion llegó en 1822, tras años de investigación en los que también destacó Thomas Young. No fue un acertijo resuelto de una sola mirada.

Para mirar una reproducción: localiza los tres bloques y compara su aspecto antes de intentar identificar signos. La lección es sencilla: repetir información en formatos distintos puede abrir una puerta al conocimiento. La fotografía muestra la piedra de Rosetta expuesta en el British Museum en mayo de 2026.